Los cristales normales, como el diamante, están formados por una red de átomos que se repite en el espacio. Pero varios estudios recientes sugieren que sería posible obtener materiales que se repitan también en el tiempo

 

En septiembre del año pasado, dos equipos independientes de la Univesridad de Princeton y la Estación Q de Microsoft en la Universidad de California lograban demostrar, teóricamente y en contra de la opinión mayoritaria, que los “cristales de tiempo” no son simples curiosidades matemáticas, sino que pueden existir en la realidad.

Movimiento perpetuo

Por lo general, cuando un material está en su estado fundamental (estado de mínima energía, también conocido como energía de punto cero de un sistema) su movimiento es imposible, porque eso requeriría un gasto de energía de la que ese sistema ya no dispone. Por eso, los cristales “normales”, como un rubí o un diamante, permanecen inmóviles, ya que están en equilibrio y en su estado fundamental. Pero los cristales de tiempo tienen una estructura que no solo se repite en el espacio, sino también en el tiempo, Y por lo tanto siguen oscilando incluso en su estado fundamental.

Podemos imaginar una gelatina, que se mueve y oscila cuando se la toca repetidamente. Lo mismo sucede con los cristales de tiempo, pero con la diferencia de que en ellos, el movimiento se produce sin necesidad de gastar energía alguna. Por eso, un cristal de tiempo es como una gelatina oscilando constantemente en su estado fundamental, y eso es lo que lo convierte en una forma de materia completamente nueva, materia no equilibrada y que es absolutamente incapaz de quedarse quieta.

Nueva forma de materia

Aunque para Yao resulta difícil imaginar un uso concreto para un cristal de tiempo, algunas de las fases propuestas para la materia no equilibrada prometen ser la solución para fabricar memorias perfectas o ser muy útiles en las futuras computadoras cuánticas.